Decirte adios.
Ha pasado un poco más de cinco meses desde la última vez que te vi. Los detalles de esa reunión prefiero guardarlos en mi mente; solo puedo decir que fue una emboscada en donde vaciaste todo tu parque contra una persona desarmada.
Durante todas estas semanas no ha existido un día en el que no piense en ti; podría decirse que vivo atrapado dentro de un bucle -despierto, respiro, recuerdo, duermo-. Es doloroso.
Y mientras los días se van, he intentado todas las estrategias que se recomiendan. He platicado, he salido, he besado; sin embargo no hallo la manera de encontrar resiliencia. Creo que te llevaste todo, incluido eso.
Cada noche llegan a mi mente las mismas preguntas, los mismos escenarios, los mismos argumentos y se diluyen entre los fármacos que ayudan a nublar mi mente y encontrar un poco de alivio. Cuando por fin logró llegar a ese lugar en el subconsciente a veces estas ahí, en otras me besas y me dices que todo va a estar bien; en ocasiones me dices adiós con una sonrisa y yo lo acepto sin dolor, inmediatamente despierto y vuelvo nuevamente a la realidad, en donde aún lastimas.
Te amo y te extraño. Te lloro en desconsuelo.
Que difícil es decirte adios.
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